
Historia Príncipe de Viana
Carlos III de Navarra regaló 4.000 florines al mensajero que vino a anunciarle el nacimiento de su nieto Carlos, el primogénito de su hija Blanca y de Juan de Aragón. Tal era su alborozo y tan grandes las esperanzas que depositaba en aquel niño que un día habría de ceñir sus sienes con la corona del Reino. Y fue así que, antes aún de que cumpliera dos años, quiso distinguirlo con un título majestuoso e inédito, nunca antes por nadie ostentado, e instauró en su persona el Principado de Viana. "Dada en Tudela en veinte de Jenero l'aynno del nacimiento de nuestro Señor mil y cuatrocientos y veinte y tres. Por el Rey".
Mas la historia lo quiso de otro modo. Fallecido el Rey Noble, subió al trono Blanca, y con ella su esposo, mientras el joven Príncipe partía sus horas entre la lectura de los clásicos y las galas cortesanas. Pero la muerte luego de la madre, que habría de traer la coronación de Carlos, desveló por el contrario la ambición paterna. El poderoso Juan denegó a su hijo la corona que legítimamente le correspondía y no vaciló en enfrentarse a él en una guerra civil y despiadada. Carlos se vio forzado a una huida que le llevó a París, Roma, Nápoles y Barcelona, donde acabó rindiendo la vida, pero no sus derechos. Sus restos, trasladados a Poblet, fueron venerados durante años como los de un héroe o un santo, y aún hoy permanece viva la leyenda de quien todo lo empeñó en defender las leyes y el derecho. La leyenda que nació en 1423. La del Príncipe de Viana..
Desde entonces, el título ha sido ostentado por los herederos del trono de Navarra, primero, y de España, después, hasta el día de hoy en que corresponde a su Alteza Real don Felipe de Borbón. De esta manera, a lo largo de más de cinco siglos el título de Príncipe de Viana se ha constituido en símbolo de tradición, continuidad y renovación. Nuestra Bodega se enorgullece de llevar ese nombre y alimentar ese mismo espíritu.