Más vino, menos café y menos tabaco

Las mujeres de edad avanzada que consumen una dieta rica en calcio y toman ocasionalmente pequeñas cantidades de vino corren menos peligro de sufrir el debilitamiento de los huesos, según el estudio de un grupo de investigadores de la School of Allied Health de la Universidad de Connecticut. Además, evitar el tabaco y la cafeína también podría ser beneficioso para el estado óseo del mencionado sector de sexo y edad.

Según publica elmundovino.com, en un pequeño estudio publicado el pasado mes de diciembre en el 'Journal of the American College of Nutrition, varios investigadores analizaron los efectos del alcohol, la cafeína y el tabaco en la densidad mineral de los huesos, en un grupo de 136 mujeres blancas menopáusicas, de edades comprendidas entre los 57 y los 89 años.

Las mujeres respondieron a una encuesta sobre el consumo de calcio, alcohol y cafeína, y facilitaron su historial de consumo de tabaco y ejercicio físico. Las consumidoras de cantidades moderadas de vino poseían una densidad ósea superior a de las mujeres que no bebían. La media de consumo se estableció en el estudio en un vaso de vino al día.


¿Qué vino hay que beber con el queso?

Suele ser habitual pedir un plato de queso para terminar una botella de vino tinto. Sin embargo, los gastrónomos y expertos consideran que el tinto no es el mejor vino para acompañar a los quesos.

Los quesos frescos son los más neutros (y sosos), con lo que se pueden acompañar de vinos más o menos neutros, refrescantes y sin complicaciones. Un rosado fresco para la mozzarella, por ejemplo.
Un brie o camembert va bien con un blanco envejecido, mientras que un munster alsaciano combina bien con un gewürztraminer. Uno de los mejores quesos del mundo, el francés o suizo reblochon, es de los más difíciles de emparejar, y aquí hay gustos para todo tipo de vinos.
Los de cabra van muy bien con algún blanco de acidez viva, y los quesos azules tienden a ser afines a los dulces, semidulces o generosos.
Para comer con tinto, los mejores son los que tienen la pasta dura: manchegos, el parmigiano reggiano, etc.


Cómo confeccionar una carta de vinos

Una buena carta de vinos suele ser, en la mayoría de los casos, señal de que nos encontramos en un restaurante con una buena cocina. Es el sumiller la persona que elabora la carta y quien se va a encargar de ofrecer los vinos a los clientes y aconsejarles en caso de que estos tengan dudas sobre el vino que van a elegir.

Si el restaurante se encuentra situado en una región productora de vinos, la selección de vinos de la propia zona debe ser amplia, lo suficiente para satisfacer a los clientes locales o a los foráneos que quieran conocer lo que allí se produce.

La carta, además, se debe confeccionar teniendo en cuenta la oferta gastronómica que caracteriza al local y debe ofrecer datos esenciales como el nombre de la denominación de origen o zona de producción; el nombre del vino y de la bodega; el tipo de vino: blanco, rosado, tinto...; la añada y el precio.

Se puede ordenar de distintas maneras: por denominaciones de origen, por clases de vino (tinto, blanco…), etc. Dentro de cada apartado, los vinos irán de más joven a más viejo. En ocasiones se ofrecen datos sobre la zona, la bodega y las características de cada vino, como información al consumidor.
La carta siempre debe estar compensada y ofrecer vinos de distintas denominaciones de origen, de varios precios, añadas, de forma que se adapte a los gustos y, al bolsillo. En ocasiones, incluso se pueden ofrecer vinos extranjeros.


Nueve normas sobre vino y salud

La Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición ha hecho públicos nueve consejos sobre el vino y la salud:

1.- El vino es una bebida para adultos sanos, absolutamente incompatible para las mujeres en estado de gestación y los lactantes, así como para los inmoderados.
2.- El vino es sano solamente cuando es bebido con moderación, es decir, con respeto, educación, cultura e inteligencia, lo cual permite disfrutarlo con los cinco sentidos.
3.- Los mayores encantos del vino están en sus matices cromáticos y en sus aromas. Ni beber mucho ni beber deprisa aumentan el placer del vino, sino todo lo contrario.
4.- Beber vino moderadamente es sano, e incluso recomendable, y causa placer. Beberlo despacio aumenta ese tiempo de placer y el placer mismo.
5.- No beba nunca vino en ayunas, el vino está hecho para acompañar a otros alimentos y no como un objetivo por sí mismo.
6.- Armonizar vino con alimentos, así como vinos con oportunidades es un arte.
7.- Con el fin de marginar definitivamente el abuso del vino y para alcanzar consumos moderados y razonables, es necesario que el conocimiento del vino sea transmitido desde el entorno familiar en el que los mediterráneos lo hemos bebido durante miles de años.
8.- Las familias, y en general los mayores que conocen el vino deben erigirse en su principal vehículo de divulgación y en indiscutible ejemplo de moderación.
9.- Es preferible no beber vino solo, el vino es una bebida convivencial y ha de ser compartido.


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